IGLESIA CATÓLICA APOSTÓLICA MEXICANA.

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Iglesia Católica Apostólica Mexicana.

¿Por qué y para qué la Iglesia Católica Apostólica Mexicana, si toda esta doctrina y su práctica es de la Iglesia Católica Apostolica Romana?

Fundamento Historico de la Iglesia Católica Particular como Mexicana.

Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y de la Santísima Hostia Sangrante.

 

Sitios de Interes.

www.sagradahostia.org

 

FUNDAMENTO HISTORICO DE LA IGLESIA CATOLICA PARTICULAR COMO MEXICANA.

Cuántos historiadores han tenido que tocar o tratar el asunto religioso de los mexicanos los han llamdo y tomado por supersticiosos, brutales y crueles alegando que tales debilidades del espíritu humano son inseparables de toda religión que tiene su origen y vida del capricho y convivencia de los hombres que explotan la ignorancia y el temor de los demás. “Aún cuando han tenido que reconocer que comparada la religión de los mexicanos con la de los romanos y griegos, hallamos a aquellos más supersticiosos y ridículos y a estos mas inhumanos, aquellas celebres naciones de la antigua Europa multiplicaban excesivamente sus deidades por el bajo concepto que tenían del poder divino, reducían a estrechos limites su imperio, los deshonraban con los mas atroces delitos, y manchaban su culto con las mas execrables obscenidades… Los mexicanos concebían perfecta a la divinidad y en su culto no intervenían ninguna acción contraria a la honestidad. Creían en un ser supremo, absoluto, e independiente, a quien reconocían, que se le debía adoración y temor.

No lo representaban en ninguna figura porque lo creían invisible, ni lo llamaban con otro nombre que con el común de dios que en su lengua es TEOTL, mucho más semejante en el significado que en la pronunciación al THEOS de los griegos; pero usaban de ciertos epítetos sumamente expresivos de la grandeza y del poder que concebían en Dios. Le llamaban SPALNEMOANI, esto es, aquel por quien se vive, y TLOQUENAHUAQUE. Aquel que todo lo tiene en sí. Multiplican sus devociones según sus necesidades: materializando los atributos divinos en imágenes que facilitaban el desahogo de sus sentimiento religioso, haciéndolos parecer como politeístas e idolatras; igual que la Iglesia Católica Romana con el: “Señor de las Maravillas”, “El Señor de Chalma”; “El Señor del Perdón”; “El Señor del Veneno”; “El Señor de Mazatepec”; “El Señor de la Misericordia”; “El Sagrado Corazón”; “El Señor de la Clemencia”; “Cristo Rey”; “El Buen Pastor”; “El Salvador”; El Divino Maestro”; etc, etc. Y todas estas advocaciones se refieren a la misma persona de Jesucristo, como las innumerables que hay de la única Virgen Maria.

Creían que había un espíritu maligno, enemigo del género humano, a quien daban el nombre de TLACATECOLOTL (búho racional). En orden al alma racional, los mexicanos y las otras naciones cultas del Anahuac, la creían inmortal. Creían en el cielo o paraíso como un lugar fresco y ameno, y donde abundaban toda suerte de manjares delicados y placeres, llamado TLALOCAN; creían también en el infierno o MICTLAN; que era, según lo que decían, un lugar oscurísimo donde reinaba un Dios llamado MICTLANTEUTLI (Señor del Infierno) y una Diosa llamada MICTLANCIHUATL. Tenían los mexicanos noticia sobre la creación del mundo, del diluvio universal, de la confusión de las lenguas y de la dispersión de las gentes, y todos estos acontecimientos los tenían representados en sus pinturas. F.A. de Chateaubriand, en su obra “Genio del cristianismo” o, “Bellezas de la Religión Cristiana”, 1825, en el tomo primero pagina 307 dice: “Las verdades de la Escritura se encuentran hasta en los salvajes del nuevo mundo”. Entre los atributos del Dios invisible o Supremo Ser, que fueron materializados y adorados por los mexicanos, no fueron tantos como los de los verdaderamente politeístas e idolatras de los romanos. ¡La religiosidad de los mexicanos era la tierra mas fecunda para que la Iglesia Católica floreciera. Y “que si no fuera por el bautizar, los indios estarían mejor sin los misioneros que con ellos” decía el conquistador Hernán Cortés al Emperador Carlos V, pues después del bautizar venia el escandalizar. Los sumos sacerdotes eran dos, designados por elección. Al primero se le llamaba TEOTEUCTLI (Señor de lo Divino) y al segundo, TEOPIXQUI (gran sacerdote). Los sumos sacerdotes eran los oráculos a quienes consultaban los reyes en los asuntos más grandes del Estado, y sin su parecer no se emprendía guerra alguna. Ellos eran los que ungían a los reyes después de su elección; el MEXICOTEOHATZIN tenia que velar sobre la observación de los ritos y ceremonias, y sobre la conducta de los sacerdotes que tenían cuidado de los seminarios. Y castigar a los ministros delincuentes. Para llenar todas las obligaciones de un cargo tan grande, tenía dos vicarios el HUITZNAHUATEOHUATZIN y el TEPANTEOHUATZIN. Este era el Superior General de los Seminarios. El TLATQUIMALOLTEUCTLI era el ecónomo de los Santuarios y el OMETOCHTLI el primer compositor de los himnos que se cantaban en las fiestas, el EPEOACUILTZINel maestro de ceremonias, el TLAPIACATZIN el maestro de Capilla, el cual no solo componía la música si no que presidía el canto. Llamaban a los sacerdotes, como hasta hoy día llaman a los Sacerdotes Católicos TEOPIXQUI, esto es, guardia o Ministro de Dios.

Entre los Sacerdotes estaban repartidos todos los ministerios de la religión. “el celo de la casa de Dios los devoraba”: unos sacerdotes cantaban en ciertas horas del día y otros en las de la noche; unos se encargaban de la limpieza del templo y otros de los adornos de los altares. Cuatro veces al día incensaban a las imágenes, esto es, al amanecer, al medio día, al ponerse el sol y a la media noche. Esta ultima incensación se hacia por el sacerdote a quien tocaba el turno y concurrían a ella los mas respetables Ministros del Templo. Los sacerdotes eran del clero secular o regular, como en la Iglesia Católica, los primeros llevaban un velo negro en la cabeza y los segundos que en sus monasterios decían profesión de una vida más austera, andaban vestidos todos de negro. Los sacerdotes se ejercitaban en muchos ayunos y austeridades; jamás se embriagaban, y así pocas veces bebían vino. Todo el tiempo que estaban empleados en el Templo, guardaban tal compostura y modestia, que cuando se encontraban con alguna mujer, fijaban los ojos en tierra para no verla. Cualquier incontinencia en los Sacerdotes era castigada rigurosamente. El Sacerdote que en Teotihuacan era convencido de haber violado la castidad, era consignado por los sacerotes al pueblo, y de noche lo mataban a palos. El sumo sacerdote estaba obligado a estar siempre dentro del templo en ICCHCATLAN, y abstenerse de todo acceso con cualquier mujer y si por desgracia faltaba a cualquiera de estas obligaciones era descuartizado irremisiblemente, y sus miembros ensangrentados se presentaban para ejemplo al sucesor. Aquellos que por su pereza no se levantaban a los ministerios nocturnos del templo, los bañaban con agua hirviendo la cabeza o les agujeraban los labios o las orejas, y si o se enmendaban de esta o cualquiera otra culpa, los zambullían en la laguna y los despedían del Templo. Eran los Sacerdotes estrictos en el cumplimiento de su ministerio y escrupulosos en la celebración de sus ritos religiosos. El simple hecho de la observancia ritual y su riqueza religiosa entre la gente del pueblo, deja entrever lo que seria entre los sacerdotes, por ejemplo: Luego que salía a luz algún niño, la partera, después de haber cortado el cordón umbilical y enterrado la secundina, lo lavaba diciéndole estas palabras: “Recibe el agua porque es tu madre la Diosa CHALCHIUHCUEYE. ESTE BAÑO TE BORRE LAS MANCHAS QUE SACAS DEL VIENTRE DE TU MADRE, TE LIMPIE EL CORAZON Y TE DE BUENA Y PERFECTA VIDA” Y tomando otra vez el agua con la mano derecha, la soplaba y humedecía con ella la boca, la cabeza y el pecho del niño, y bañándole después todo el cuerpo, decía: “EL DIOS INVISIBLE DESCIENDA SOBRE ESTA AGUA Y TE LAVE DE TODO PECADO Y TODA SUCIEDAD, Y TE LIBRE DE LA MALA FORTUNA”. Y dirigiéndose al niño, le hablaba así: “Hermoso niño, los dioses OMETEUHTLI Y OMECIHUATL te crearon en el lugar mas alto del cielo para mandarte al mundo; pero acuérdate que la vida que comienzas es melancólica, dolorosa y llena de disgustos y de miserias; no podrás comer el pan sin fatigarte; Dios te ayude en las muchas adversidades que te esperan”. Para el quinto día de haber después de haber nacido acostumbraban un segundo baño, que era el mas solemne y para el cual invitaban a todos los parientes y amigos. Encendían un gran grupo de teas, y la partera tomando al niño, lo llevaban por todo el patio de la casa y lo colocaba sobre un montón de hojas de lirio, junto a un lebrillo de agua dispuesto en medio del patio, y allí desnudándolo le decía: “Hijo mió, los dioses OMTEUCTLI Y OMECIHUATL, señores del cielo, te han mandado a este triste y calamitoso mundo. RECIBE ESTA AGUA QUE DEBERA DARTE LA VIDA” y después de haberte humedecido la boca, la cabeza y el pecho con formulas semejantes a las del primer baño, le lavaba todo el cuerpo, y refregándole cada uno de los miembros, decía un exorcismo: “¿Dónde estas mala fortuna? ¿en que miembro te has escondido? “Ve lejos de este niño” Dicho esto, levantaba al niño para ofrecerlo a Dios; rogándole que lo adornada de toda virtud, bendiciéndolo y protegiéndolo como hijo suyo, y le imponían su nombre. Entonces, dice don Lorenzo Boturini, se hacia también la ceremonia de pasar al niño cuatro veces por el fuego. Por tanto, existía entre los mexicanos el Bautismo, así como la penitencia o confesión de los pecados.

Por lo que respecta a los matrimonios, nada intervenía en ellos que pudiera ofender la honestidad. Estaba severamente prohibido todo matrimonio entre personas unidas en el primer grado de consaguinidad o de afinidad, menos entre los cuñados, como lo practicaban los hebreos. Un sacerdote amarraba una punta del huipilli o camisa de la esposa, con otra del timatli o capa del esposo, y en esta ceremonia hacían consistir esencialmente el contrato matrimonial, y antes de consumar el matrimonio pasaban cuatro días juntos en oración y ayunos, vestidos con hábitos nuevos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iglesia Católica Apostólica Mexicana.

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